
Nº. Colegiada: AN-12184

Psicóloga
"La mejor inversión para una vida plena es cuidar tu salud mental."
Ansiedad en adolescentes en Huelva:
cómo entender lo que le está pasando a tu hijo
Psicóloga para adolescentes con ansiedad en Huelva y online. Apoyo psicológico para comprender qué está ocurriendo, gestionar la angustia y aprender a afrontar el miedo y la incertidumbre.
La ansiedad en adolescentes no siempre se manifiesta de forma evidente mediante crisis o ataques de ansiedad.
A veces se expresa como una sensación constante de angustia, bloqueos con los estudios, un alto nivel de perfeccionismo, miedo a fallar o la necesidad de tenerlo todo bajo control.

Muchas madres y padres llegan a consulta preocupados porque:
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Se preocupa por todo y le da demasiadas vueltas a las cosas.
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Tiene muchísimo miedo a fallar o a no sacar la nota que esperaba.
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Antes no era así y ahora cualquier pequeño problema se convierte en un mundo.
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Se bloquea con los exámenes o con las entregas del instituto.
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Cada vez le cuesta más afrontar determinadas situaciones.
Quizá llevas un tiempo intentando tranquilizarle, animarle o ayudarle a resolver aquello que le preocupa, pero notas que cada vez está más inseguro, más bloqueado o depende más de que los demás le confirmen que todo va a salir bien.
Cuando vemos sufrir a un hijo, es comprensible intentar tranquilizarle, resolver aquello que le preocupa o reducir su malestar cuanto antes. Sin embargo, algunas formas de ayudar pueden aliviar momentáneamente sin modificar lo que está manteniendo la ansiedad.
En consulta trabajamos para comprender qué está ocurriendo y ayudar al adolescente a relacionarse de una manera diferente con sus preocupaciones, sus miedos y las situaciones que está empezando a evitar.
Puedes consultar también el espacio general de Psicología para adolescentes en Huelva, donde explico otras dificultades frecuentes y cómo se organiza el acompañamiento.
¿Cuáles son los síntomas y señales de ansiedad en adolescentes?
Cada adolescente vive la ansiedad de una manera diferente. No siempre aparece como nerviosismo evidente o ataques de pánico.
Algunas señales frecuentes son:
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Preocupaciones constantes por los estudios, las relaciones o el futuro.
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Miedo intenso a equivocarse, suspender o decepcionar a los demás.
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Necesidad de hacerlo todo perfectamente o dificultad para tolerar el error.
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Dificultad para tomar decisiones o necesidad continua de confirmación.
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Irritabilidad, cambios de humor o sensación de estar siempre en tensión.
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Problemas para dormir o dificultad para desconectar.
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Dolores de barriga, mareos, presión en el pecho u otras molestias físicas.
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Evitación o bloqueo con los estudios y exámenes, exposiciones, actividades sociales o situaciones nuevas.
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Miedo excesivo a lo que otras personas puedan pensar.
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Necesidad constante de que alguien le tranquilice o le asegure que todo saldrá bien.
Cuando la ansiedad aparece especialmente ligada a la autoexigencia o a los estudios, puedes ampliar información en las páginas sobre baja autoestima y autoexigencia y sobre problemas con los estudios en adolescentes.

Una señal aislada no significa necesariamente que exista un problema. Conviene prestar atención cuando estas dificultades se mantienen en el tiempo, generan un malestar importante o empiezan a limitar los estudios, las relaciones, el descanso o las actividades cotidianas.
Lo relevante no es únicamente cuánto malestar siente, sino cuánto espacio está empezando a ocupar la ansiedad en su vida.
¿Por qué puede aparecer ansiedad y angustia durante la adolescencia?

La adolescencia es una etapa de cambios físicos, sociales y emocionales. Aumentan las responsabilidades, las decisiones y la importancia que adquiere la opinión de los demás.
Es normal que en determinados momentos aparezcan nervios, inseguridad o preocupación. La ansiedad cumple una función: nos ayuda a detectar posibles riesgos y a prepararnos para responder.
La dificultad aparece cuando el miedo o la ansiedad empiezan a decidir demasiado por él.
Puede dejar de hacer cosas que antes disfrutaba, evitar exámenes o exposiciones, necesitar constantemente que alguien le tranquilice o intentar tenerlo todo bajo control para sentirse más seguro.
Evitar estas situaciones puede aliviarle en el momento, pero si ocurre una y otra vez, cada vez puede resultarle más difícil enfrentarse a aquello que teme. Poco a poco, la ansiedad puede empezar a condicionar decisiones que antes tomaba con más libertad.
No siempre hay una única razón que explique por qué aparece la ansiedad. Puede influir su forma de ser, lo que ha vivido, la presión con los estudios, las relaciones con otras personas, las expectativas que siente sobre él, los cambios en la familia o la manera en que ha ido aprendiendo a reaccionar cuando tiene miedo o no sabe qué va a pasar.
¿Cómo puedes ayudar a tu hijo o hija cuando siente ansiedad o miedo a fallar?
Cuando vemos que un hijo lo está pasando mal, lo más natural es querer tranquilizarle, encontrar una solución o evitarle aquello que le da miedo.
A veces eso le ayuda en ese momento, pero si siempre necesita que le tranquilicemos, que resolvamos por él o que le permitamos evitar lo que teme, puede resultarle cada vez más difícil comprobar que también puede afrontar situaciones incómodas por sí mismo.
Algunas formas de acompañarle pueden ser:
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Escúchale antes de intentar solucionarlo. Pregúntale qué le preocupa, qué cree que puede pasar y qué necesita de ti en ese momento.
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Hazle saber que entiendes que lo esté pasando mal. Puedes reconocer que algo le da miedo o le cuesta sin decirle automáticamente que no pasa nada ni intentar convencerle de que no debería sentirse así.
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Intenta transmitir calma y confianza. No necesitas tener todas las respuestas. A veces ayuda más que note que estás a su lado y que confías en que puede ir afrontándolo poco a poco.
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Evita tranquilizarle una y otra vez sobre lo mismo. Si necesita preguntarte continuamente si todo saldrá bien, si crees que aprobará o si algo malo va a ocurrir, esa tranquilidad puede durar muy poco y hacer que vuelva a necesitarla enseguida.
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Ayúdale a dar pasos pequeños. No se trata de obligarle a enfrentarse de golpe a aquello que teme, sino de buscar qué pequeño paso puede dar sin que evitar se convierta siempre en la única salida.
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Anímale a seguir haciendo cosas importantes para él. La ansiedad no tiene que desaparecer por completo antes de volver a quedar con amigos, hacer deporte, ir a clase o participar en actividades que le gustan.
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Revisa también cuánto se está exigiendo. Algunos adolescentes sienten que tienen que hacerlo todo bien, no decepcionar a nadie o estar siempre a la altura. Esa presión también puede alimentar la ansiedad.
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Procura que la ansiedad no ocupe todas las conversaciones en casa. Seguid hablando de otras cosas, compartiendo tiempo y manteniendo espacios en los que no todo gire alrededor de cómo se encuentra o de aquello que le preocupa.
Acompañar no significa dejarle solo con el problema ni resolverlo por él. Significa ofrecer apoyo mientras desarrolla recursos para responder de una manera cada vez más autónoma.
¿Cómo trabajamos la ansiedad con adolescentes en consulta?
No todos los adolescentes viven la ansiedad de la misma manera, por eso el trabajo se adapta a su edad, a lo que le está ocurriendo y a las dificultades que aparecen en su día a día.
En consulta podemos trabajar para que poco a poco pueda:
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Entender mejor qué le pasa cuando aparece la ansiedad, reconocer sus señales y darse cuenta de qué situaciones suelen hacer que aumente.
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Reconocer lo que se dice a sí mismo cuando tiene miedo, por ejemplo «no voy a poder», «va a salir mal» o «necesito estar seguro».
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Aprender a convivir mejor con las dudas, los errores y no saber exactamente qué va a pasar, sin necesitar tenerlo todo bajo control para poder avanzar.
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Ir enfrentándose poco a poco a aquello que ha empezado a evitar por miedo, dando pasos que podamos acordar y que sean asumibles para él.
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Seguir participando en las cosas que son importantes para él, como sus estudios, sus amistades, el deporte u otras actividades, aunque a veces aparezcan nervios o inseguridad.
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Ganar autonomía para afrontar los momentos difíciles, sin necesitar constantemente que otras personas le tranquilicen o le aseguren que todo va a salir bien.
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Tomar decisiones pensando también en lo que quiere y necesita, y no únicamente en qué opción le hace sentir menos miedo en ese momento.

El objetivo no es conseguir que deje de sentir ansiedad para siempre. La ansiedad forma parte de la experiencia humana y aparecerá en distintos momentos de su vida. Trabajamos para que pueda reconocerla, responder con mayor flexibilidad y evitar que termine dirigiendo sus decisiones o limitando aquello que es importante para él.
Cuando es necesario, incorporamos sesiones de orientación con madres y padres para comprender mejor qué está ocurriendo y revisar algunas formas de responder a la ansiedad que pueden aliviar a corto plazo, pero mantener el problema con el tiempo.
Cuando la principal necesidad está relacionada con cómo acompañar a tu hijo, responder ante la ansiedad o afrontar los conflictos familiares, puedes consultar también el espacio de orientación psicológica para madres y padres.
¿Cuándo puede ser recomendable pedir ayuda por ansiedad en un adolescente?
No es necesario esperar a que la situación sea extrema ni tener la certeza de que existe un problema de ansiedad.
Puede ser útil pedir orientación cuando:
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Las preocupaciones ocupan gran parte de su día.
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La ansiedad está afectando a los estudios, el descanso o las relaciones.
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Ha empezado a evitar actividades o situaciones importantes.
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Necesita constantemente que otras personas le tranquilicen.
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Se bloquea con frecuencia ante los exámenes, las decisiones o las situaciones sociales.
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La convivencia familiar se ha vuelto más tensa.
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Lleva semanas o meses sintiéndose cada vez más inseguro o limitado.
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El adolescente siente que no sabe cómo afrontar solo lo que le ocurre o necesita continuamente que otras personas le tranquilicen.
Pedir orientación no implica necesariamente iniciar un proceso largo.
Si las preocupaciones, la evitación o el miedo están empezando a limitar su vida, puedes solicitar una primera entrevista gratuita de aproximadamente 30 minutos. En este encuentro hablaremos brevemente sobre lo que está ocurriendo, resolveremos las primeras dudas y valoraremos si mi forma de trabajar puede ajustarse a las necesidades del adolescente y de la familia.
