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Información para familias

Acompañamiento psicológico con adolescentes

Cuando un adolescente comienza un proceso de acompañamiento psicológico, es habitual que surjan preguntas: qué se trabajará en las sesiones, cuándo empezarán a notarse cambios, qué información recibirá la familia o cómo podéis ayudar desde casa.

 

En esta página encontraréis información sobre el funcionamiento general del proceso. Cada adolescente y cada familia son diferentes, por lo que algunos aspectos se adaptarán a sus necesidades, edad y circunstancias.

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​​¿Cómo comienza el proceso?

Las primeras sesiones se dedican principalmente a conocer al adolescente, comprender qué está viviendo, en qué situaciones aparecen las dificultades y qué puede estar influyendo en ellas.

Aunque las preocupaciones de la familia se tendrán en cuenta, es importante que el adolescente pueda encontrar sus propios motivos para participar y entender qué le gustaría que fuera diferente.

Al principio puede parecer que todavía no se están produciendo cambios visibles. Conocer su situación, construir una relación de confianza y crear un espacio en el que pueda hablar con libertad también forman parte del trabajo de las primeras sesiones.

Esto resulta especialmente importante cuando acudir a las sesiones ha sido inicialmente una decisión de los adultos o cuando el adolescente todavía no tiene claro para qué podrían servirle.

¿Qué buscamos con el acompañamiento?

El objetivo no es corregir al adolescente ni conseguir únicamente que deje de mostrar determinadas conductas.

El trabajo busca ayudarle a:

  • Comprender mejor lo que le ocurre.

  • Reconocer y expresar lo que necesita.

  • Aprender a responder de otra manera cuando aparecen pensamientos o emociones difíciles.

  • Desarrollar recursos para afrontar situaciones difíciles.

  • Mejorar su manera de comunicarse y relacionarse.

  • Tomar decisiones y asumir responsabilidades de forma progresiva.

  • Avanzar hacia aquello que es importante para él o ella.

Los objetivos concretos se adaptarán a cada caso y podrán revisarse a medida que avance el proceso.

La evolución no siempre es lineal

Los cambios no suelen producirse de manera continua. Puede haber avances y, al mismo tiempo, días difíciles, discusiones, momentos de bloqueo o conductas que parecían superadas.

Un bajón puntual o una reacción emocional intensa no significan necesariamente que el adolescente haya empeorado, que esté recayendo o que el proceso no esté funcionando.

En algunos momentos, hablar sobre experiencias difíciles, darse cuenta de formas de reaccionar que se repiten o empezar a introducir cambios puede venir acompañado de mayor sensibilidad, irritabilidad, cansancio o necesidad de espacio.. Esto no tiene por qué ocurrir y tampoco debe interpretarse automáticamente como una consecuencia esperable o positiva del proceso.

Si observáis un cambio intenso, persistente o preocupante, es importante que me lo comuniquéis. Valoraremos qué está sucediendo teniendo en cuenta su intensidad, duración, contexto y consecuencias, sin asumir de antemano que todo cambio es una recaída ni atribuirlo necesariamente a las sesiones.

El papel de la familia

La colaboración familiar puede ser una parte importante del proceso. La forma concreta de participar dependerá de la edad del adolescente, del motivo de consulta y de las necesidades de cada caso.

Podéis ayudar especialmente:

  • Facilitando la asistencia y una continuidad suficiente en las sesiones.

  • Comunicándome acontecimientos o cambios relevantes en el ámbito familiar, escolar, social o médico.

  • Mostrando disponibilidad sin interrogarle al terminar cada sesión ni exigirle que cuente lo trabajado.

  • Respetando que pueda necesitar tiempo antes de compartir determinados asuntos.

  • Participando en sesiones de orientación o seguimiento cuando resulte conveniente.

  • Probando cambios concretos en la comunicación, los límites o la convivencia cuando estos formen parte del trabajo acordado.

El trabajo no siempre se centrará únicamente en lo que necesita cambiar el adolescente. En algunos casos también será útil revisar ciertas respuestas adultas, expectativas o dinámicas familiares.

Esto no significa buscar culpables. El objetivo es comprender qué está ocurriendo y qué puede hacer cada miembro de la familia para facilitar cambios útiles.

Privacidad del adolescente y comunicación con la familia

Para poder hablar con libertad, el adolescente necesita contar con un espacio de privacidad. Por este motivo, no se trasladará a la familia un relato detallado de cada sesión ni se compartirán automáticamente los contenidos personales que haya expresado.

Sí podré informaros sobre:

  • Los objetivos generales del proceso.

  • Su evolución y participación.

  • Los avances o dificultades relevantes.

  • Las pautas familiares que puedan ayudar.

  • La conveniencia de realizar una sesión con los padres, modificar la frecuencia o valorar otros recursos.

Cuando resulte conveniente comunicar un contenido concreto, siempre que sea posible se hablará previamente con el adolescente para explicarle qué sería importante compartir, por qué y de qué manera hacerlo.

Proteger su privacidad no significa excluir a la familia, sino equilibrar su necesidad de disponer de un espacio de confianza con la responsabilidad adulta de acompañarle y protegerle.

La confidencialidad tiene límites cuando existe un riesgo relevante para el propio adolescente o para otras personas, una situación de desprotección o cualquier circunstancia en la que sea necesario actuar para garantizar su seguridad y cumplir las obligaciones legales correspondientes.

Seguimiento y revisión del proceso

Iré realizando revisiones periódicas de los objetivos y de la evolución. Estos avances no se valorarán únicamente atendiendo a si el adolescente está más tranquilo, discute menos o parece más animado.

También tendremos en cuenta, entre otros aspectos, su capacidad para:

  • Comprender lo que le sucede.

  • Afrontar situaciones difíciles.

  • Pedir ayuda cuando la necesita.

  • Comunicar sus necesidades.

  • Tomar decisiones con mayor autonomía.

  • Responder de otra manera cuando aparecen pensamientos o emociones difíciles.

  • Participar en acciones importantes para él o ella.

Cuando resulte oportuno, os informaré de la evolución general y os propondré pautas, una conversación de seguimiento o una sesión específica con los padres.

También podéis solicitar una revisión cuando tengáis dudas sobre el proceso. Dependiendo de la cuestión, valoraremos si puede resolverse mediante una comunicación breve o si conviene concertar una sesión.

Comunicación entre sesiones

Podéis contactar conmigo para:

  • Comunicar cambios o acontecimientos relevantes.

  • Trasladar información que consideréis importante.

  • Resolver alguna duda puntual relacionada con el proceso.

  • Gestionar citas o cambios de horario.

Los mensajes no sustituyen una sesión y no siempre podré responder de manera inmediata. Cuando una cuestión requiera conocer mejor lo ocurrido, hacer una valoración o tratar varios asuntos, os propondré abordarla en una sesión específica.

Situaciones urgentes o de riesgo

Mi teléfono y los canales habituales de contacto no constituyen un servicio de urgencias y no puedo garantizar una respuesta inmediata.

Si observáis cambios importantes o preocupantes que no impliquen un peligro inmediato, podéis comunicármelos para que valoremos la situación y decidamos cómo proceder.

Si existe un riesgo inmediato para el adolescente o para otras personas —por ejemplo, intención suicida, autolesiones que requieran atención médica, violencia, intoxicación, desaparición o una alteración grave de su conducta o estado mental—, no esperéis mi respuesta por mensaje.

En estas situaciones debéis:

  • Llamar al 112, o

  • Acudir al servicio sanitario de urgencias correspondiente.

Ante pensamientos o riesgo de conducta suicida, el Ministerio de Sanidad también dispone de la Línea 024, dirigida tanto a las personas afectadas como a sus familiares. Este recurso no sustituye al 112 cuando existe una emergencia inmediata.

Si tenéis dudas sobre la gravedad de la situación, es preferible solicitar una valoración sanitaria urgente.

Organización de las sesiones

Duración aproximada: 50 minutos.

Frecuencia: se acordará según las necesidades del adolescente y podrá modificarse a medida que avance el proceso.

Modalidad: presencial u online, según lo acordado y siempre que la modalidad resulte adecuada para el caso.

Puntualidad: si se llega tarde, la sesión finalizará a la hora prevista para no afectar a las citas posteriores.

Sesiones con madres, padres o personas responsables: podrán proponerse o solicitarse cuando resulte necesario revisar la evolución, recibir orientación o trabajar aspectos familiares relacionados con el proceso.

Si el adolescente se niega a acudir o muestra una resistencia importante, os recomiendo que me lo comuniquéis antes de utilizar la sesión como una amenaza, imponer consecuencias o cancelar automáticamente. En algunos casos será necesario comprender qué está ocurriendo y valorar cómo facilitar una participación progresivamente más voluntaria.

Pagos, cambios y cancelaciones

El importe de cada sesión se abonará mediante la forma de pago acordada. 

Si necesitáis cambiar o cancelar una cita, debéis comunicarlo con al menos 24 horas de antelación.

Las citas canceladas con menos de 24 horas de antelación, especialmente cuando la cancelación se realiza el mismo día, se abonarán como una sesión realizada, salvo que exista una situación urgente o un imprevisto importante que impida acudir.

Este margen permite organizar la agenda, respetar el tiempo reservado para cada persona y ofrecer esa franja a alguien que pueda necesitarla.

Las situaciones excepcionales o de fuerza mayor se valorarán individualmente.

Si el cambio o la cancelación se produce por mi parte, se ofrecerá una nueva fecha y no supondrá ningún coste para la familia.

Duración y finalización del acompañamiento

La duración dependerá de los objetivos, la evolución y las necesidades del adolescente. Cuando resulte conveniente espaciar las sesiones o finalizar el proceso, se hablará y planificará conjuntamente siempre que sea posible.

Si durante el acompañamiento valoro que el adolescente necesita una atención sanitaria especializada, una valoración específica o un recurso diferente del que puedo ofrecer, os lo explicaré con claridad y os orientaré hacia el recurso correspondiente.

¿Tenéis alguna duda?

La colaboración entre el adolescente, su familia y la profesional es importante, respetando al mismo tiempo el espacio y las responsabilidades de cada persona.

Podéis plantearme cualquier duda sobre el funcionamiento del proceso antes de comenzar o en cualquier momento del acompañamiento.

Gracias por confiar en mí para acompañaros en este proceso.

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